No siento frío si es entre tus brazos. Siento adrenalina en
las noches frías donde tu cuerpo es mi abrigo y tu boca mi debilidad. Bendita
debilidad. Esa que hizo que hoy, a dos
grados bajo cero, no tenga frío. Esa que hizo que te descubriera y de paso que me
redescubriera (Que tantísima falta me hacía). Esa que me hizo darme cuenta del
verdadero valor que tenía ese momento, del verdadero valor que estabas teniendo
en mi vida.
Tú, mi mayor debilidad. Llegaste para quedarte y ahora,
totalmente redescubierta, no quiero que te vayas. No quiero volver a sentir
frío si no es contigo, no quiero más vacíos ni más camas medio vacías.
Tú eres mi debilidad, la que siempre estuve esperando y con
la que me encontré de frente en un pasillo cuando ya no esperaba ni quería
esperar nada de nadie. Tú, que abriste todas mis ilusiones y todas mis puertas.
Ahora no las quiero cerrar.
Creo que una debilidad nunca fue tan buena. Nunca existió
una debilidad que hiciera que tus ojos se iluminaran, y a día de hoy, después
de tanto, sigues siendo mi mayor debilidad.
Anna
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